El no en el plebiscito, un sí a la guerra?

Alejandro JAULIN CRUZ, Bogotá     

  Mahatma Gandhi dijo una vez “no hay camino para la paz, la paz es el camino”, desafortunadamente este no parece ser el caso en territorio colombiano. 

Desde 1982, Colombia ha tratado de negociar siete acuerdos de paz, y en el transcurso de 34 años hemos fallado seis veces. Un récord que muestra que gran parte del éxito de hoy se debe a que el presidente Santos recogió importantes lecciones de sus antecesores. Sí, era clave saber cuándo sentarse con las Farc, pero más importante, y uno de los grandes méritos de Santos, era reconocer que la construcción de la paz es una obra histórica y no personal, y que por ello se sentó a esa mesa de negociación con la historia de nuestros fallidos procesos en la mano.

 

El 26 de agosto de 2012 el entonces primerizo presidente de la nación Juan Manuel Santos, decidió embarcarse en una aventura que prometia dejarlo en la historia y corazones de todos los colombianos, ya sea como un líder victorioso que trae consigo “las llaves de la paz”tan anheladas por todos los compatriotas.  O por el contrario, como sus antecesores que sucumbieron en ese deseo pero que lastimosamente para el país no pudieron, no por falta de deseo, determinación o trabajo si no que las dos partes negociadoras no eran lo suficientemente maduras para afrontar lo que ese codiciado acuerdo conlleva para la nación.

En efecto, a lo largo de la historia reciente colombiana han habido más de diez procesos de paz con diferentes actores armados, como lo eran el ELN o las Farc, pero ninguno sin ningún éxito. Los mayores errores de esos procesos se podrían resumir en dos principales razones internas. Primero que todo, los sucesivos gobiernos han iniciado los procesos de diálogo con la creencia de que su enemigo era mucho más débil de lo que realmente es, así los diálogos serían una simple negociación de los términos de rendición de las guerrillas, sin que ninguna concesión significativa por parte del gobierno fuera necesaria. Esta actitud es consecuencia de la lógica de guerra y la psicología de las fuerzas armadas, pero está lejos de la realidad. Las FARC en particular operan en todo el país, con bases en muchas áreas rurales . En segundo lugar, los movimientos guerrilleros incluyen en su agenda demandas sociales y económicas de carácter popular, que el gobierno no está preparado o es incapaz de conceder.

 

Después de aproximadamente 1300 días, el presidente recibió en Oslo la condecoración que simboliza su victoria y la de todos los colombianos; el preciado nobel de paz. Efectivamente, el presidente con la ayuda de su delegación negociadora había pactado y firmado “ EL Acuerdo para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera​” La firma de ese acuerdo lo diferenciaba de sus antecesores ya que había lograda la titánica tarea de conseguir un acuerdo con un de los grupos armados más longevos y temidos en la región Americana.

 

Sin embargo, esa es la conclusión de aproximadamente cuatro años de arduas negociaciones en donde todas las partes implicadas, por no decir todo el país, dejaron sangre, sudor y lágrimas. De hecho, en reiteradas ocasiones hubo momentos de angustia y profunda impotencia ya que por ligerezas e incidentes por parte de los dos actores principales de la negociación, este proceso estuvo al borde de la desaparición.

 

Uno de los momentos más impactantes y sorprendentes de todo este proceso ocurrió el 2 de octubre de 2016. En ese domingo del mes de brujas se decidía el futuro de todo o una gran parte del trabajo llevado  por el gobierno y las FARC. El plebiscito que es un procedimiento jurídico por el que se somete a votación popular una ley o un asunto de especial importancia para el Estado. En este caso era si los acuerdos firmados en Cartagena de Indias pocos días antes era ratificado y aceptado por todos los colombianos o no. Los ojos del mundo estaban puestos en nuestra nación, más aún con el evento en Cartagena donde personalidades de la talla del secretario general de las Naciones Unidas estuvieron presentes. Todo el mundo estaba esperando ese simple voto por el sí, que algunos consideraban simple protocolo, pero lo inevitable no se puede evitar y el pueblo colombiano, cabe anotar con una gran abstención, voto mayoritariamente por el no. Ese plebiscito quedará en la historia ya que representó la bipolarización que todo este tema había causado en el país, ya que el no ganó con un porcentaje de 50,27% contra el 49,78% del si. Lo que más llamó la atención no fue la mínima diferencia entre el sí y el no, fue más bien la gigantesca tasa de abstención en el país que llegó al 65%, la más grande en 60 años.

 

Este tema había tomado gran fuerza e importancia en el ámbito político del país lo que causó una bipolarización de la nación. El hecho es que la decisión ya estaba tomada, el pueblo se había pronunciado con el plebiscito y el mensaje era claro y contundente, el pueblo no quería la paz propuesta por el presidente. Pero por qué votar por él  no sabiendo que eso iba a fragilizar los lazos bilaterales entre el gobierno y las FARC y más aún podría tirar al piso el trabajo de cuatro años, ¿acaso no querían una Colombia en paz ?

Las personas partidarias del no alegaban que el presidente Juan Manuel Santos ha negociado una paz que no va a durar, que no va a prosperar y que no va a florecer. Por eso, según ellos votar ‘No’ es decirle sí a una paz que está cerca, pero que requiere de rectificaciones que solo un mandato masivo de los colombianos puede lograr.

Según ellos, el principal objetivo es que las víctimas enfrentaban a los perpetradores y se perdonen y que eso nunca va a suceder . Ni verdad, ni reparación ni víctimas empoderadas enfrentando a su victimario. Es una paz en la que el crimen triunfa, es una paz donde el perpetrador es victorioso “Peor aún, es una paz en la que el fin justifica los medios” dijo uno de los principales promotores del no. Ellos pedían una justicia que realmente ayude para la etapa del posconflicto. Un proceso de paz debe acabar con esa exclusión, pero para ello primero se debe volver a humanizar a los miembros de las Farc.

Asimismo, las Farc no entregarán dinero ya que niegan poseer grandes sumas de dinero dentro o fuera de Colombia, pero eso no es muy creíble a la luz de años de secuestros, minería ilegal, extorsión, vínculos con el narcotráfico y otras actividades ilícitas. No hay en los acuerdos mecanismos que garanticen que estos recursos sean usados en su totalidad para resarcir a las víctimas y a las comunidades afectadas por el conflicto, como debería ser.

De la misma manera, otro punto débil es que ni la comunidad internacional ni los negociadores hicieron un verdadero y riguroso inventario de la cantidad de combatientes en las filas de las Farc y de qué cantidad de armamento hay hoy en su poder. Con lo cual, cuando llegue la hora de la entrega de armas y la desmovilización, se estará a merced de la buena fe de las Farc, que bien podrían guardarse algunas armas: como ‘seguro’ o para venderlas a otros grupos armados, del país o del mundo.

El expresidente Uribe aseguró que la justicia perdería autonomía ya que se ha habla de un “golpe de Estado” a la Rama Judicial porque tanto la justicia ordinaria, constitucional como la administrativa no van a tener protagonismo en el juzgamiento de los hechos ocurridos en el conflicto.  Se ha cuestionado que se tiene claro cuándo comienza a funcionar la justicia especial para la paz, pero no es claro cuándo termina. Esta falta de definición genera que no haya garantías para la seguridad jurídica de los procesados que ingresen a este sistema de justicia transicional.

Finalmente, el acuerdo otorga a las Farc curules por elegibilidad inmediata y plataformas de comunicación que no han tenido o tienen otros partidos, generando un desbalance político, lo que va en contra de la Constitución y de las leyes que hoy rigen el país, por lo que, en la práctica, es una reforma política que, dicen, es “abiertamente inconstitucional”.

 

Sus crímenes nunca se perdonarán, pero sí se puede llegar a perdonar a quienes los cometieron. Y para eso se necesita que el perdón lo otorgue la víctima y no lo entregue el victimario, como hoy sucede.

Finalmente, el presidente Santos decidió modificar los acuerdos de paz y el 24 de noviembre el texto vio la luz, algunos partidos y personas políticas no estuvieron de acuerdo.

Actualmente, el país vive el alba de la etapa del posconflicto donde el antiguo grupo armado dejará sus armas y comenzará la etapa de reintegración para los ex militantes de las filas de las FARC. Y aunque no todos los sectores del país estén satisfechos por este proceso como dice un viejo y conocido refrán “la mejor manera de predecir el futuro es crearlo”.

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