LA COMUNA 13 EN MEDELLÍN, COLOMBIA

Sofia Roa et Maria Helena Atuesta, Bogotá   

Medellín es una ciudad de Colombia; es la capital de departamento de Antioquia. Es también la segunda ciudad más poblada del país y a sus habitantes comúnmente se les denomina como “paisas”. Medellín se divide en 6 zonas y esas zonas se dividen a su vez en 16 comunas; la comuna 13 es una de esas. El poblamiento de la Comuna 13, un conjunto de 19 barrios anclados en las montañas del centro occidente de Medellín, es el resultado combinado de procesos migratorios, pero también de la relegación social y económica, y muy especialmente del desplazamiento forzoso que ha provocado la guerra en las últimas décadas.

 

Entre los años 2001 y 2003 la comuna 13 en Medellín, se convirtió en escenario de una guerra que tuvo como protagonistas a milicias, guerrillas, paramilitares y Fuerza Pública. Exclusión y violencia tienen por tanto una expresión socio-espacial en la ciudad, que junto al vacío de poder generado por la precaria presencia del Estado y sus instituciones, configuraron un escenario conflictivo, inducido, explotado o aprovechado por múltiples actores armados. A partir de la década del 2000 el sector centro-occidental de Medellín, en el que se ubica la Comuna 13, adquiere mayor importancia en relación con el impulso a un modelo de desarrollo regional que propende por una articulación e integración territorial de Antioquia con el Valle de Aburrá y Medellín 14. Bajo esta perspectiva, la Comuna 13 ofrece ventajas dada su cercanía a la carretera al Mar, una vía importante para la economía de Antioquia y del país al conectar a Medellín con el puerto de Urabá clave en la economía del Departamento y con el túnel de occidente 15 que acorta las distancias entre Medellín y Santa Fe de Antioquia, capital del Departamento en la época colonial e importante potencial turístico. Esta ubicación ha sido importante también para guerrillas y paramilitares al posibilitar la conexión con sus frentes de guerrilla o bloques de autodefensas en Urabá, el transporte de armas, su proyección hacia otras zonas del país y la explotación de recursos económicos provenientes de la extracción ilegal de gasolina 16, dada la ubicación del oleoducto Sebastopol-Medellín en el corregimiento vecino de San Cristóbal.

El desplazamiento forzado intraurbano alcanzó niveles inusitados y se configuró como una de las expresiones más relevantes de otra cara del conflicto armado en Colombia: la guerra en las ciudades, una guerra que encontró, en Medellín, un escenario expedito para su implementación. El desplazamiento masivo ocurrido en el barrio El Salado el 29 de junio de 2002 se convirtió en el más visible, tanto en la ciudad de Medellín como en el resto del país, por su magnitud, por el clima de terror e incertidumbre que generaron los combates dentro del barrio y por la excesiva violencia con que los paramilitares atacaron a la población. Le precede un desplazamiento individual y familiar relacionado con el dominio paramilitar y continúa en el presente con la emergencia de nuevos grupos armados (combos, bandas, desmovilizados y las denominadas BACRIM)  que, al igual que en el caso de El Salado, emplean el desplazamiento forzado como una de las estrategias para el dominio del territorio y el control social y político de la zona.

 

Las características topográficas de altas pendientes, la construcción de barrios de invasión por parte de migrantes y desplazados de la violencia y la densificación e irregularidad en el trazado que de allí se desprenden, hacen de este un territorio de difícil acceso y circulación. Este aspecto ha sido aprovechado por los grupos armados, quienes han tomado a la comuna como lugar de operaciones y corredor estratégico para el transporte de droga, el ingreso de armas, el traslado de integrantes de frentes rurales hacia la ciudad, el refugio de personas buscadas por la justicia y para mantener secuestrados, en muchos casos como antesala a su entrega a los frentes guerrilleros rurales. Las condiciones de pobreza y exclusión de los habitantes de la Comuna 17 y la precaria intervención y presencia institucional en las décadas de 1980 y 1990 crearon condiciones favorables para la inserción de grupos armados. Las milicias 18 fueron las primeras en hacerse presentes, y posteriormente las guerrillas y los paramilitares; en cada caso impusieron un régimen de orden y autoridad que consideraban inexistente. Si bien estos rasgos son similares a los de otras zonas de periferia de la ciudad, en el caso de la Comuna 13 se acentúo su condición de exclusión al ocupar un lugar marginal en la atención del Estado, quien se concentró en la Comuna Nororiental por el auge de fenómenos de violencia relacionados con el sicariato y el accionar de bandas al servicio de Pablo Escobar en los años ochenta y noventa. El hecho de que la Comuna 13 no haya sido epicentro del narcotráfico ni de estos actores de la violencia y la casi inexistente presencia de la Fuerza Pública en el sector durante estos años 20 favorecieron el arraigo de las milicias, quienes al no encontrar mayor resistencia, lograron ejercer un dominio territorial por casi una década.

 

Estas condiciones socioeconómicas han llevado a que por años organizaciones civiles y no gubernamentales hayan reclamado una intervención social del Gobierno. De la misma manera, las milicias y guerrillas justificaron su presencia en el sector por el abandono en el cual el Estado tenía sumida a esta población y diversos grupos armados han utilizado esta situación para ofrecer a la población, especialmente a jóvenes y niños, participar en redes delincuenciales que prometen la posibilidad de ingreso y ascenso social

 

Si bien el desplazamiento forzado en la Comuna 13 se registra de manera continuada desde mediados de la década de los ochenta hasta el presente, un análisis de las variaciones y de los momentos diferenciados en sus dinámicas permite profundizar en las expresiones y el impacto del conflicto armado y de las violaciones masivas de los derechos humanos sobre los residentes de este sector.

A lo largo de este tiempo, ya sea en razón de los contextos en que se produce, de la magnitud alcanzada, de la dinámica de la conflictividad urbana en la que se inscribe o de las maneras en que los diversos actores armados han acudido al desplazamiento forzado en un contexto urbano y de guerra, se pueden delimitar los siguientes períodos:

De 1985 al 2000.Período marcado por el dominio miliciano y por un tipo de desplazamiento gota a gota muy poco reconocido en las cifras pero que hace parte de la memoria de sus pobladores.

Del 2001 al 2003. Época de agudización del desplazamiento forzado intraurbano que inicia con la ofensiva del Bloque Metro y el Bloque Cacique Nutibara y culmina con la Operación Orión, una operación militar de retoma del territorio ordenada por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez en acuerdo con el entonces alcalde de Medellín, Luis Pérez Gutiérrez.

Del 2004 al 2007. Años marcados por la continuidad en los desplazamientos silenciosos en un nuevo contexto, el repliegue de la guerrilla y las desmovilizaciones de los paramilitares.

Del 2008 al 2010. Período en el que emergen combos que resultan de la recomposición de actores de violencia en la ciudad responsables de más desplazamientos forzados intraurbanos individuales y nuevamente masivos.

 

 Los medios :

Las noticias relacionadas con esta confrontación  hicieron visible la crisis humanitaria que vivía la comuna y los territorios en los que se hacía evidente la guerra en las ciudades. Esto tuvo profundas implicaciones para la sociedad civil, entre ellas, el desplazamiento forzado que ocasionó y que fue el resultado de una estrategia implementada por los grupos armados para desalojar a poblaciones localizadas en ciertos territorios estratégicos o en disputa, desterrar a quienes se consideraba enemigo e implementar un régimen de terror que facilitara el control de la población y el territorio.

 

El desplazamiento forzado en la Comuna 13 es consecuencia directa e indirecta del accionar de diversos actores armados (milicias, guerrillas, paramilitares, fuerzas armadas y más recientemente, bandas y combos) que bajo diferentes intereses y lógicas han apelado a prácticas de violencia y terror. En este proceso confluyen diversos factores que hacen de la Comuna 13 epicentro del conflicto armado, de la violencia y el desplazamiento forzado en contextos urbanos.

 

En un espacio micro como el de la Comuna 13 el escalamiento del conflicto armado se hizo evidente a través de una confrontación abierta entre paramilitares, guerrillas y milicias. Para cada uno de estos actores la derrota militar del enemigo revestía una particular importancia en los inicios de la década de 2000 y la población civil se convirtió en eje de esta confrontación: Para el ELN, las FARC y los CAP se trataba de mantener el control sobre la única comuna de la ciudad en la que habían logrado un afincamiento desde el cual era factible resistir a la ofensiva paramilitar, obtener recursos económicos (secuestro, extorsión), movilizarse libremente y planear acciones de mayor envergadura en la ciudad. En el caso de los paramilitares, la expulsión de las guerrillas de la Comuna 13 significaba un logro estratégico en tanto que con ello se lograba remover el último obstáculo para consolidar su dominio sobre este territorio estratégico, conseguir un avance en la implementación del proyecto contrainsurgente y aprovechar una gran oportunidad para la expansión de las redes del crimen organizado. Finalmente, para el Gobierno de Álvaro Uribe (2002-2006), la recuperación de la Comuna 13 fue vista como una oportunidad para mostrar resultados en la aplicación de la estrategia de seguridad democrática, centrada en la lucha contra la amenaza terrorista asociada con la guerrilla en una ciudad que, como Medellín, había jugado un papel importante en su elección como presidente y en un clima de polarización política y de rechazo a la guerrilla. Asesinatos selectivos, amenazas, masacres, enfrentamientos, órdenes de desalojo y detenciones arbitrarias hicieron parte de los métodos de terror empleados por todos los actores armados con un impacto significativo en el aumento del desplazamiento forzado.

 

Memoria Colectiva:

 

En efecto, en los relatos de la población, el asesinato de personas representativas, la exhibición de cuerpos asesinados y la desaparición forzada aparecen asociados a la llegada de los paramilitares, en lo que claramente constituía una estrategia de emplear el terror como mecanismo de presión y control.

En respuesta a esta arremetida, las FARC reforzaron sus filas con la llegada de más guerrilleros de los frentes rurales y con el uso de métodos que afectaron a la población civil, como los reclutamientos forzados, el aumento de la extorsión, los secuestros y las presiones contra líderes sociales para la destinación de recursos de organizaciones sociales para el financiamiento de sus actividades. Según el testimonio de un habitante en una crónica periodística: Llegaron por el lado de Cuatro Esquinas (Nuevos Conquistadores) y se han regado por varios lados. Dicen que la cosa se va poner dura y, para las armas, aunque trajeron más, están recogiendo plata con los secuestros. Son muy distintos a los que han combatido en el barrio durante años […] dicen que los mandaron del propio Caguán. (El Colombiano, 13 de octubre del 2002, 8A) El desplazamiento masivo se convirtió en un recurso al cual apelaron los paramilitares para lograr el destierro de sectores de residentes considerados como aliados de la guerrilla y para controlar territorios estratégicos para la confrontación militar, tal y como ocurrió con el desplazamiento masivo de El Salado. En este mismo año también se evidenció un cambio en la presencia y el modo de operar de la Fuerza Pública, quienes hasta ese entonces habían tenido una presencia ocasional en la Comuna para atender problemas de orden público. La realización de un elevado número de operativos militares desplegados en una sola zona de la ciudad en un corto período evidencia el lugar importante de la Comuna en la estrategia militar. Entre los meses de febrero y octubre del 2002 se llevaron a cabo 11 operativos militares en los lugares que se consideraban eran los territorios controlados por la guerrilla.

 

Memoria Individual:

 

“[…] teníamos infiltrados en la organización de las mismas milicias y esos daban dedo, entonces nosotros íbamos en carros y los sacábamos, los matábamos y los enterrábamos. Al principio siempre los dos o tres primeros que se matan se dejan en la calle para que la gente entre a creer y sienta la presencia de la Autodefensa.” (Tribunal Superior de Medellín, 25 de marzo 2009) Testimonio de un desmovilizado.

 

“La desconfianza de ellos [los paramilitares] era porque nos vieron subir por Cuatro Esquinas, que era la mata de los milicianos. Nos dijo que lo siguiéramos, para que viéramos algo que nos iba a interesar. ¿Y sabe qué era? ¡Una cabeza humana! Sola, metida en un tubo de la reja del tanque de Empresas Públicas. Nos dijo que nos acercáramos más para que la viéramos mejor, que de pronto hasta sabíamos de quién era. Pero estaba irreconocible, por lo quemada. […] Yo no resistí ni tres segundos mirándola, y me puse a llorar con mi hermanita. Nos dijeron sigan pues monitas, y no lloren que eso no les luce. Vayan y díganles a esos caretrapos [milicianos] de abajo que así van a quedar todos”. (Testimonio de mujer joven, citado por Aricapa 2005, 197)

 

Conclusion :

El sector ha sido un escenario de una guerra urbana y de acciones de violencia contra la población; esta ha sido víctima de hechos atroces, bien sea por amenazas directas o por el ambiente generalizado de terror y miedo.

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